Sí, debe de ser eso.
Al principio todo iba bien, las piezas encajaban, y la imagen que yo tenía en mi mente se iba cuadrando en la realidad. Me encantaba esa sensación de ver como todo evolucionaba, de observar como, poco a poco, todo parecía acoplarse, ensamblarse de la manera en la que estaba presupuestada.
Pero la cosa cambiaba.
Paulatinamente, según iba cogiendo fichas, no sabía donde colocarlas. Bueno, realmente sí sabía donde colocarlas, pero el dibujo que iba apareciendo poco o nada tenía que ver con el esquema que yo contemplaba. Tenía un puzle distinto al que había comprado. Bueno, mejor dicho, tenía un puzle distinto del que hubiera querido comprarme.
Y sí, definitivamente ya estaba completo, y no aparecía yo. Volví a mirar la caja, con el dibujo guía y allí, justo al lado de tu figura estaba la mía. Eso era lo que debía ocurrir. Eso era de lo que estaba seguro, pero no. Allí, con el puzle completo no estaba yo. No era una pieza importante de tu vida.
Ni lo seré jamás. Debí sospecharlo.
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