Hay veces que me pregunto qué narices hago aquí. Y no me estoy refiriendo a alguna efímera circunstancia espacial, sino a la permanente circunstancia de vivir. Gente seguramente más sabia que yo ya se ha planteado la misma respuesta, y nadie ha hallado una solución, lo que me hace pensar que no voy a ser yo el que venga a descubrir la fórmula de la Coca Cola.
Tratas de estudiar de buscarte un futuro. Encontrar una pareja, formar una familia (de la manera que sea) y así pasar el resto de tus días hasta que la vieja pero implacable mujer de negro venga a buscarte y acabes a tres metros bajo tierra (o con tus cenizas esparcidas por algún bucólico paraje).
Todo esto es un camino que recorrer hasta el destino final, por lo que es recomendable hacerlo lo más divertido posible y evitar marearte con las curvas. De todas formas, ese recorrido está lleno de decisiones que, consciente o inconscientemente hemos de tomar. Y no son aplazables puesto que no decidir a tiempo constituye una opción por si misma. Cientos de posibilidades distintas esperando llamarte la atención, y nunca se está seguro de ninguna. Nunca. ¿Por qué es todo tan complicado?
Y nunca he estado seguro de ninguna. Bueno, miento. Hay una cosa, una sola cosa de la que estoy seguro, segurísimo. Y cada vez que veo tu foto, mi seguridad aumenta por momentos. Pero el tiempo pasa, y la inacción domina la escena. Es pronto, pero el tiempo pasa y entre tú y yo no pasa nada, nunca pasa nada. ¿Cómo es posible que esté equivocado en lo único de lo que estoy seguro?
Decía al principio que yo no iba a descubrir la fórmula de la Coca Cola. Tampoco lo pretendo. Pero vuelvo a mirar tu foto y todo vuelve a tener sentido. ¿Cuál? Ni idea, pero ni falta que hace saberlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario