domingo, 26 de diciembre de 2010

Imaginaciones

A veces, imagino.
Imagino la vida de la gente con la que me cruzo
cuando voy por la calle.
Les dibujo un pasado,
les trazo un presente,
les proyecto un futuro.
Bien puede ser que,
cual afortunado acertante del pleno al quince,
el imaginario plan vital que les endoso
coincida con su realidad,
pero pocas veces atino a comprobarlo.

Por ejemplo,
aquella dulce chica de la parada del autobús.
Parapetada tras su forrada carpeta,
me observa arrojando su mirada como un alud.
Por su piel firme y joven,
me aventuraría a decir que sus labios todavía no han probado otros,
aunque sus senos, ya completamente formados,
indican que, seguramente, tarde poco en hacerlo.

Pero por imaginar, imagino.
Y la imagino deseando a Jorge,
ese Adonis de cuarto, con su pelo largo
despeinado por el casco de su flamante nueva moto.
Y la imagino buscando el valor necesario
para acercarse a él o, mejor,
para que él se acerque a ella.

Y la imagino también despreocupada,
pero con su cabeza atribulada por asuntos de nimia banalidad.
Al fin y al cabo, está en la edad de la frontera.
De ella depende dar un paso adelante y empezar a ser madura
o esconderse tras ese poco duradero halo de niñez.
De ella depende, aunque no sea consciente.

Porque a veces,
tomamos decisiones sin darnos cuenta.
O quizá sean imaginaciones mías.

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